Cuando la confianza se quiebra, suena como un cristal: un sonido casi bello de tan desgarrador.
Escaparía tantas veces como quisiera de la prisión de mis consuelos.
Nada en el mundo ha sido hecho para parir. Mejor se consuelan los monos, murucuyando todo el día sin tono ni sol.
Es que he venido a parar a la jaula de los cuervos, y nadie se salva de su condición: no, ni siquiera tú, ninguna de mis yugulares estará lo suficientemente abierta.
Y aún así, es mejor preferir que cerrar. Es tan incierta nuestra experiencia de la tierra. Esta vida que vinimos a ocupar, como un canto en la fuente. Tan frágil todo lo que construimos. Tan la muerte o el despido o el desalojo del otro lado.
Nada. Detengo la escritura, pero debo seguir. Seguir. No sé cuántos minutos, pero por lo menos hasta que el reloj dé las 18.48.
Entonces será la hora. Qué lindo poder escribir "entonces será la hora" y que eso despierte unabanicodeposibilidades. Un pánico de posibilidades. Mi pecho es eso ahorita mismo.
Todo. Todo parece seguir su rumbo. Las estaciones, los meses, los agujeros, las partidas, las casas, las raíces, los aviones, trenes, colectivos, todo en su rumbo en el mundo.
Suenan tambores y la radio está muy buena. La recomiendo en este acto: BABEL FM, 97.1, la programación es inspiradora, son músicas del mundo, de las que tienen alma.
La confianza que se quiebra suena como un ciclomotor: es molesta y nadie le pidió que apareciera. Queda un ronroneo quejoso en el medio del pecho, y las preguntas y las revisiones del guión que llevó a esa tensión. No puedo escapar, todavía son las 18.44.
Lo que yo vivo y siento perfecto en su calidad de presente, sé también que puede no estar cualquier otro día, por eso lo disfruto tanto hoy. Y si no está, será porque es hora de barajar de nuevo. No me asusta empezar de cero. Tal vez me asusta construir, por lo de tener que empezar otra vez y otra siempre una vez más.
Algo cae al piso. Es un golpe sordo. A caída amortiguada. Luego la lija. Suena a carmín oxidado. Y siguen los tambores jazzdomberos. La mosca verde mordiendo el borde de la conciencia: legalicen al amor!
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38 velitas: es mi regalo de cumpleaños, escribir 38 posts acerca de lo que sea.
viernes, 15 de mayo de 2015
hasta las 18.48 (3 de 38 velitas)
miércoles, 13 de mayo de 2015
esquina: libertad (2 de 38 velitas)
Varias serpientes andan por estos días mordiéndose las colas: las charlas entre cervezas y humos fueron de horas, y en un parpadeo volvimos a una adolescencia de carcajadas corales. Caracoles! Somos extranjeras en esta ciudad.
Antes, había sido el desembarco frente al monoblock aquel de la Boca donde vivimos mi piano y yo, más el recorrido del 25 pasando por Montes de Oca - la avenida de los huevos rellenos en casa de la Nona (ahí también un piano, el primero, y los libros de partituras) - y por Arcamendia - la calle de la casa abandonada por la familia donde mamá guardaba el vestido de novia y que más tarde fue tomada por una familia de bolivianos.
Aun así, lo corroboré: Buenos Aires, no soy tuya ni vos mía. Me das dolor de panza, me hacés precipitarme, y tus camas me dan insomnio.
Por eso estoy feliz de volver a mi pueblo chico, que aunque traiga a mucha gente de afuera, no significa que puedan, como yo, traer un poquito de quebrada.
Antes aún, esa otra serpiente en mi casilla de correo, con aromas a tierras del bosque y del mar, a un jardín japonés entre las montañas y a puertas abiertas a otra percepción.
Fui hasta el fondo del pasillo con la luz bien apagada. Después prendí la luz y asusté a todos.
La sombra cliché atraviesa el miedo a nunca ser una fruta madura. Mis bríos son de caballo salvaje en el río.
Todo esto para decir: libertad o datrebil?
Hasta mañana.
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domingo, 10 de mayo de 2015
ya son 38 (1 de 38 velitas)
Leer para no morir.
(tono insomne)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires.
(tono misterioso)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires, para mantener el equilibrio de la cuerda floja entre los rascacielos de mis planes de 3 días en la ciudad.
(tono satisfecho)
Entonces, aparece lo que una está buscando leer:
"Así me pasó que quise irme y volví, que quise traicionar el hogar pero no superé el flagelo."
El fuego que danzamos la noche de mi revolución siente la tristeza que reina en este otro hogar. Esto no es un hogar: es una prisión, una fortaleza. No hay fuego que quemar aquí. El fuego está limitado, restringido, sometido a sumisión y observación permanente de cámaras panópticas imposibles.
"No olvides tu misión, niña roja".
Entrar a Buenos Aires de esta manera es injusto, pero yo elegí esta injusticia. Elijo este flagelo (sin insomnio sería más amable) porque pedí respuestas, y en el júbilo nunca surgen las preguntas correctas. Elijo bajar de la cima de la montaña, del corazón de la jungla: aquí también me necesitan.
El júbilo fue ayer: el fuego de cantos a la luna que la tuvieron despierta hasta que el sol llegó. El brotar de la salvia, la reunión de amigos, el festejo sin medida. Tambores, danzas, humos, hogar: fuego, fuego, fuego! Ayer ninguna pregunta emergía. Ayer eran risas, desborde, alegría enormísima de hacer coincidir al lugar en el mundo que soy yo misma en cualquier lugar, en un pedazo de tierra al que llamar hogar. Estaban todos ahí: la cofradía de mi presente, el cofre y el tesoro.
Había imaginado que el sábado sería mío y el domingo de la familia cuando saqué pasaje para el sábado sabiendo que sería justo después del júbilo del viernes. Pero la familia se adueñó del sábado y también del domingo, y los dejé, aun cuando a Juan, cada vez que me lo pregunta, le confirmo que nadie puede adueñarse de mí. ¿Es que aún soy huérfana de voluntades? El insomnio me cacarea: si estuvieras de fiesta... Pero no ves que yo lo elegí? Quise también venir para encontrarme así.
Entonces hagámoslo valer: volvamos a la escritura como refugio un sábado insomne a las 4 de la mañana en Buenos Aires en la casaprisióndecristal de donde elegiré mañana partir para ir a encontrarme con mi propia Buenos Aires en estos 3 días de misión corazón. Conocer a Anita, la chinita de los cerros, y a Lucio, el niño de la lucha, abrazar a mis mujeres de las estrellas. Buscar mis regalos: un libro que vuela, unos oídos para mis secretos, y los compartires cantados que elevan el júbilo y nos llevan volando por encima de cualquier cuerda floja y cualquier rascacielos, e incluso por encima de la cima de cualquier montaña.
(tono insomne)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires.
(tono misterioso)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires, para mantener el equilibrio de la cuerda floja entre los rascacielos de mis planes de 3 días en la ciudad.
(tono satisfecho)
Entonces, aparece lo que una está buscando leer:
"Así me pasó que quise irme y volví, que quise traicionar el hogar pero no superé el flagelo."
El fuego que danzamos la noche de mi revolución siente la tristeza que reina en este otro hogar. Esto no es un hogar: es una prisión, una fortaleza. No hay fuego que quemar aquí. El fuego está limitado, restringido, sometido a sumisión y observación permanente de cámaras panópticas imposibles.
"No olvides tu misión, niña roja".
Entrar a Buenos Aires de esta manera es injusto, pero yo elegí esta injusticia. Elijo este flagelo (sin insomnio sería más amable) porque pedí respuestas, y en el júbilo nunca surgen las preguntas correctas. Elijo bajar de la cima de la montaña, del corazón de la jungla: aquí también me necesitan.
El júbilo fue ayer: el fuego de cantos a la luna que la tuvieron despierta hasta que el sol llegó. El brotar de la salvia, la reunión de amigos, el festejo sin medida. Tambores, danzas, humos, hogar: fuego, fuego, fuego! Ayer ninguna pregunta emergía. Ayer eran risas, desborde, alegría enormísima de hacer coincidir al lugar en el mundo que soy yo misma en cualquier lugar, en un pedazo de tierra al que llamar hogar. Estaban todos ahí: la cofradía de mi presente, el cofre y el tesoro.
Había imaginado que el sábado sería mío y el domingo de la familia cuando saqué pasaje para el sábado sabiendo que sería justo después del júbilo del viernes. Pero la familia se adueñó del sábado y también del domingo, y los dejé, aun cuando a Juan, cada vez que me lo pregunta, le confirmo que nadie puede adueñarse de mí. ¿Es que aún soy huérfana de voluntades? El insomnio me cacarea: si estuvieras de fiesta... Pero no ves que yo lo elegí? Quise también venir para encontrarme así.
Entonces hagámoslo valer: volvamos a la escritura como refugio un sábado insomne a las 4 de la mañana en Buenos Aires en la casaprisióndecristal de donde elegiré mañana partir para ir a encontrarme con mi propia Buenos Aires en estos 3 días de misión corazón. Conocer a Anita, la chinita de los cerros, y a Lucio, el niño de la lucha, abrazar a mis mujeres de las estrellas. Buscar mis regalos: un libro que vuela, unos oídos para mis secretos, y los compartires cantados que elevan el júbilo y nos llevan volando por encima de cualquier cuerda floja y cualquier rascacielos, e incluso por encima de la cima de cualquier montaña.
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jueves, 25 de diciembre de 2014
horizontes
He dejado de escribir mis páginas diarias. He abandonado el norte desde hace rato.
Hoy es Navidad. ¿Se supone que debería estar escribiendo acerca de eso?
¿Acerca de qué cosas has escrito este año?
¿A mí me preguntas?
Sí, a tí.
No importa acerca de qué. Lo que importa es de qué manera lo he hecho.
¿A dónde has apuntado tus esfuerzos?
A alejarme de la sociedad y sus saciedades.
¿Cómo te sientes?
Perdida y ofuscada; enojada y con culpa. Siento que soy demasiado permeable a los estados emocionales de quienes me circundan. Y aunque no me lo hayas preguntado, lo diré igual: es importante pensar acerca de qué cosas NO he escrito. Y sabes? En este momento me siento también "elevada" por efecto de eso que acabo de fumar. Y ese es un tema que ha faltado en mis escritos: las cosas que me fumo por olvidar respirar.
¡Hay que hablar de las cosas por su nombre!
¿Hay que hablar de las cosas por su nombre? ¿Así subestimas a la metáfora?
Me cansan los ejemplos de vida como Gurdjieff, o los casos exitosos, como el Vendedor Más Grande del Mundo, que dio el primer paso de su fortuna ofreciendo todo cuanto poseía al Niño Jesús en la noche de su nacimiento. Me cansan, porque soy perezosa, y mi única ambición es la mera supervivencia.
Aunque mienta, y sepa que el exceso de ambiciones es el motivo de mi pereza. Y tal vez, un poco, la marihuana. - No, esperá, se supone que tendría que hacer mi defensa de la planta, más que atacarla. - Sí, claro, puedo defender la despenalización, puedo defender la no-criminilización de un acto por demás inocuo como puede ser cultivar la planta que después vas a consumir con fines recreativos o medicinales (porque hay que ayudar a la cabeza a soportar este sistema en el que nos metieron). Pero no puedo defender el uso indiscriminado para alguien como yo, que ya solita vuela sin necesidad de que le suban los humos. Que solita se dispersa con el vuelo de una libélula o el sonido de un grifo abriéndose en la vereda.
Pero, Juli, ¿cómo te vas a ir así de Buenos Aires, tres días antes de Navidad?
Ni idea, un paso atrás del otro. No sé si son pequeñas venganzas absurdas o convicciones ideológicas que se sostienen en acciones de este tipo.
Pero, vos no habías vuelto del paraíso por tu familia?
Sí, pero también por ellos me vuelvo a ir.
¿Alguna vez supe lo que estaba diciendo?
¿Me sirve de algo cualquier cosa que no sea este azul que oigo?
La mera supervivencia como única ambición.
Escribir para ganarme la vida. ¿Cómo que no? Gano vida escribiendo, lo mismo que cantando, lo mismo que amando.
Ganar suficiente vida para poder dedicarla a esos menesteres ociosos llamados arte, cultura, espiritualidad.
Hoy es Navidad. ¿Se supone que debería estar escribiendo acerca de eso?
¿Acerca de qué cosas has escrito este año?
¿A mí me preguntas?
Sí, a tí.
No importa acerca de qué. Lo que importa es de qué manera lo he hecho.
¿A dónde has apuntado tus esfuerzos?
A alejarme de la sociedad y sus saciedades.
¿Cómo te sientes?
Perdida y ofuscada; enojada y con culpa. Siento que soy demasiado permeable a los estados emocionales de quienes me circundan. Y aunque no me lo hayas preguntado, lo diré igual: es importante pensar acerca de qué cosas NO he escrito. Y sabes? En este momento me siento también "elevada" por efecto de eso que acabo de fumar. Y ese es un tema que ha faltado en mis escritos: las cosas que me fumo por olvidar respirar.
¡Hay que hablar de las cosas por su nombre!
¿Hay que hablar de las cosas por su nombre? ¿Así subestimas a la metáfora?
Me cansan los ejemplos de vida como Gurdjieff, o los casos exitosos, como el Vendedor Más Grande del Mundo, que dio el primer paso de su fortuna ofreciendo todo cuanto poseía al Niño Jesús en la noche de su nacimiento. Me cansan, porque soy perezosa, y mi única ambición es la mera supervivencia.
Aunque mienta, y sepa que el exceso de ambiciones es el motivo de mi pereza. Y tal vez, un poco, la marihuana. - No, esperá, se supone que tendría que hacer mi defensa de la planta, más que atacarla. - Sí, claro, puedo defender la despenalización, puedo defender la no-criminilización de un acto por demás inocuo como puede ser cultivar la planta que después vas a consumir con fines recreativos o medicinales (porque hay que ayudar a la cabeza a soportar este sistema en el que nos metieron). Pero no puedo defender el uso indiscriminado para alguien como yo, que ya solita vuela sin necesidad de que le suban los humos. Que solita se dispersa con el vuelo de una libélula o el sonido de un grifo abriéndose en la vereda.
Pero, Juli, ¿cómo te vas a ir así de Buenos Aires, tres días antes de Navidad?
Ni idea, un paso atrás del otro. No sé si son pequeñas venganzas absurdas o convicciones ideológicas que se sostienen en acciones de este tipo.
Pero, vos no habías vuelto del paraíso por tu familia?
Sí, pero también por ellos me vuelvo a ir.
¿Alguna vez supe lo que estaba diciendo?
¿Me sirve de algo cualquier cosa que no sea este azul que oigo?
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domingo, 23 de noviembre de 2014
identidad (30 de 30)
Hoy no tengo ganas de escribir, y sin embargo tengo tantas ganas de
encontrar maneras de decir que las arcillas nos devuelven a un estado anterior
a todos los descascaramientos, o que las flores silvestres de Colonia en
primavera resisten cualquier desalojo de ladridos (o ladrillos) gastados. Decir
cosas como que nunca el futuro estuvo tan cierto en su incertidumbre, o que ya
no me interesa entender cómo caí en este modo de vivir porque siempre fue el
mismo deseo de lo salvaje. Entonces así el retorno de N hace aparecer
búsquedas olvidadas, y los desentendimientos con J me acercan a una distancia
necesitada para el re-empoderamiento.
Es luna nueva: las cuevas aúllan, el río oscurece. Reflejo allí el alma porque también debe adquirir consistencia, ser metida al horno, cuajar en nueva identidad. La dulzura está sobrando, ya no quiero mieles por miles. Basta de inocencia! Basta de una cosa o la otra!
Es luna nueva: las cuevas aúllan, el río oscurece. Reflejo allí el alma porque también debe adquirir consistencia, ser metida al horno, cuajar en nueva identidad. La dulzura está sobrando, ya no quiero mieles por miles. Basta de inocencia! Basta de una cosa o la otra!
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Volví a dormir enmascarada, entonces los sueños se animaron a mostrarse.
Primero parecía una fiesta de antifaces: ese grupo de la secundaria! MM, IV con un look mezcla AN y ella misma de una manera
esquimal y vikinga: pelo como lo tenía mi madre en España año 89, o como Glenn
Close en Atracción Fatal. Platerías sofisticadas, con malaquitas acróbatas,
sobre la falange superior de la oreja. Luego, Flor y Ceci sellando su
complicidad con un beso suculento. Y ahí quedo, perdida e indecisa con la pala
en la mano al lado de la casa de adobe, tratando de entender si era que elegíamos
primero el lugar donde íbamos a dormir para luego a armar los equipos, o si los
grupos se armaban primero y así elegir dónde dormir. De cualquier manera, quedé
como un cuatro de copas: sola y confundida.
Hubo más, y la sensación al despertar fue de alegría por haber recuperado
mi dimensión onírica. Sin embargo, las puertas están abiertas para la
transformación. No hay más sensación de tiempos perdidos ni de espacios
inaccesibles.
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No parar de trabajar con niños. No parar de hacer música CON OTROS. NO
PARAR.
Deténte. Respira hondo. Retiene. Exhala.
A NADIE DEBES DEMOSTRAR NADA.
Pero qué lindo compartirse. Qué lindo atravesar el puente de lo interno a
lo externo trans-portando la materialización de una visión o emoción.
- todo radica en la necesidad de comunicar algo –
Amanecí con el sol, mas las nubes ya estaban despiertas y bloqueaban la
vista del astro. Los pájaros me despiertan también, mas sus cantos son
inciertos. Un hueco se abre entre los árboles y me dejan ver una tortuga que
busca elevarse. Somos infinitamente más posibles que lo que nos permitimos
imaginar. Casi no necesito caminar hasta el salto para sentirme parte del
paisaje.
-----
Una nueva identidad. Publicar los
escritos más prohibidos de los que sea capaz con un alias que no sea
rastreable. Que sólo quienes yo quiera sepan que soy yo. Escribir acerca de mis
fantasías, acerca del sexo como siempre me jacté de vivirlo: sin tabúes. “Todas
las represiones acerca de mis sueños y de las posibilidades de transformarlos
en realidad que se encargó de inculcarme Madre, no tuvieron eco en mi vida
sexual.” Recuerdo decirle eso a mi terapeuta que casualmente tenía el mismo
nombre que mi madre, y ya eso es mucho decir.
Hablar sin tabúes de mi falta de
tabúes. ¿Existe necesidad de apelar a personajes imaginarios cuando mis
experiencias superan muchas veces lo que cualquiera podría imaginar? La
literatura permite eso: ampararse en la imaginación para hablar de nuestros
sentimientos más íntimos.
Anaïs Nim: mi mentora en esto de
desnudarme para verme, entenderme, aceptarme, y sobre todo: potenciarme.
No diré que me sobran los motivos para
soñar dormida: hay que estar bien despierto para escuchar las voces que allí
hablan. Allí en ese mundo donde los números nos indican algo más que el destino
de nuestra suerte. Atino Desatinos Desmedidos. Sin alivios. Mi nombre
verdadero. El nombre con el que me permitiré ser verdadera. “Hoy te pusiste tu
vestido de prohibido.”
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domingo, 2 de noviembre de 2014
opuestos, parte 1 (29 de 30)
1. De Faldas y Periferias
New Orleans. Una ciudad hecha de periferias. Una capital devenida periferia.
New Orleans. Una ciudad hecha de periferias. Una capital devenida periferia.
Llegué en bus desde Florida, sin más referencia que la que me había dejado el único contacto de CS que había respondido mi pedido de couch: yo no te puedo alojar ahora, me dijo, pero te sugiero que cuando llegues a la ciudad vayas al café Flora, en el Bywater. Es el lugar donde se reúne toda la gente alternativa de la ciudad. Si caés ahí, seguro te vas a ir con algún buen dato. Busqué en el mapa. Para llegar hasta ahí desde la estación, tenía que atravesar un buen trecho de la ciudad, que tiene forma de L: tenía que ir de una pata a la otra de esa L. Entonces supe lo largas que eran las distancias en Nueva Orleans.
Llegué al café Flora a las 10 de la mañana, tranvía y bus de por medio, con mi mochilota en la espalda, mi mochilita en la panza, y mi ukelele en la mano. No me voy a detener en la chica-chico que me atendió - Flora her/himself - ni en la variedad de cafés y muffins que vendían. Tampoco en la cantidad de jóvenes tatuadísimos y alternativísimos conversando acaloradamente acerca de proyectos para cambiar al mundo al ritmo acelerado del café que tomaban. Ni siquiera me voy a detener en el piano abierto que se encontraba en el centro de la sala, sonriente y esperando que alguien le cepillara los dientes. Me detengo sí en la falda que lleva esa chica. Yo tengo una con el mismo corte. Adoro esa falda. Mañana me la voy a poner.
Finalmente de Flora me fui con el dato de un hostel, India House, 20 dólares la noche. No era mi idea, pero todavía tenía plata. India House quedaba en el ángulo de la L, en Midcity. Volví a tomar bus y tranvía, y me instalé en una habitación compartida. Mirando una cartelera del hostel, encontré información de una cooperativa de bicicletas. Genial, me dije. Ese es mi próximo destino en esta nueva ciudad. Ahí voy a poder conseguir una bici para moverme en la ciudad, haciendo algún canje. Miré el mapa. Parecía cerca de Flora. Me acordé de la falda, y me la puse.
Allá fui, a un barrio en desarrollo cerca del 9th Ward. El bus me dejó en la misma avenida que para ir a Flora, pero tenía que caminar para el otro lado. El paisaje de casas coloridas del Bywater y el Marigny quedaba atrás, y al frente se veían casas de ladrillos, de cemento, vías de tren y un puente larguísimo para cruzar a pie. Zona desconocida. Población negra, marginal, pobre. Y yo con esta falda, tan corta. Quién me manda a mí, tan rubia, ponerme una falda tan corta. Menos mal que traje unas calzas en la mochila.
Después de unas vueltas, y de entender que no me iba a pasar nada, pedí indicaciones para llegar a Rubarb, que las personas del barrio conocían bien. Un taller-de-bicis-centro-social manejado por jóvenes que donan su tiempo para enseñar a los niños del barrio a arreglar y armar sus propias bicicletas. Fue muy simple conseguir lo que había ido a buscar: me prestaron una bici armada con partes de varias, y a cambio fui varias tardes a participar de las actividades del taller. Los chicos de la cuadra venían a tomar la merienda, a jugar, algunos se enganchaban más con las bicis, otros menos. Yo jugaba con ellos, claro. Recuerdo una nena, 9 años, Shewana, que bailaba flamenco. El fuego que tenía esa nena iba a ser difícil de apagar. Iba a ser más bien un incendio forestal de esos que dejan todo a cero. Se paraba en la mesa de madera y empezaba a zapatear, aplaudir y cantar, como demostrando que no se trata de la raza, se trata de la raíz. Roots. Nunca la hubiera conocido si hubiera ido a la otra cooperativa de bicis, la que descubrí más tarde, que queda en el centro, donde te cobran por usar el taller y donde la gente del café Flora va a arreglar su móvil. Eso sí, cuando salí de Rubarb ese día en mi nueva bici, tenía las calzas puestas.
2. De Naturalezas Domesticadas
Cataratas de Iguazú. ¿Existe acaso una expresión más potente en la naturaleza que megalitros de agua cayendo por precipicios abismales? ¿Puede competir una playa de alguna isla del Pacífico con el concepto ideal de "paraíso"? Pienso que no, mientras me detengo en el detalle de esa mini cascada cayendo entre el barullo del Salto San Martín y el otro Salto enorme cuyo nombre ya olvidé; esa mini cascada impregnada de helechos, musgo, mariposas y vencejos. Siento estar en un lugar donde la abundancia de agua que fluye permite lavar cualquier tipo de culpa, incertidumbre, trauma, herida del pasado o del futuro.
Stop. Interferencia. "Salto San Martín". Interferencia. Pasarela llena de turistas con cámaras. Interferencia. Bolsa de papas fritas olvidada en el suelo. Estas cataratas existen hace millones de años. Sólo hace unos ¿cien? ¿doscientos? Un hombre occidental las "descubrió" y un día otro hombre las dio a conocer. Agradezco, por un lado, que alguien una vez haya decidido compartir el descubrimiento con toda la humanidad. Agradezco las pasarelas-puentes - grandes obras de ingeniería - que me permiten llegar a la boca misma de la Garganta del Diablo y llorar inexplicable e irremediablemente, las lágrimas expuestas al torrente, mi alegría transformada en emoción de agua, agua, agua. Todos los males del mundo se aplastan y desaparecen y se ahogan y se transforman en lecho, cauce, amor.
Elegí un lugar especial para hacer este ejercicio, lo sé. Para llegar al espectáculo natural he tenido que pagar un ingreso, recorrer caminos de cemento desde la entrada hasta la estación de tren, tomar el tren que me ha llevado hasta un puesto de comidas, agradecer que he traído comida y bebida porque los precios... caminar por más caminos de cemento, leer carteles indicativos, evadir la prohibición de fumar (tranquilos que fumo armados sin filtro y me guardo las puntas!), y sentirme un bicho raro por sentarme en las rocas que están fuera del camino en el tramo del circuito inferior que lleva al embarque de las lanchas que te llevan hasta la isla que está enfrente.
Continuará ... En la próxima entrega: "De Emociones Públicas"
El "desafío creativo" es una adaptación de la Dinámica Creativa propuesta por MV acá. Llegué a alguien que estaba haciéndolo. Yo necesitaba una inspiración para tener constancia en la publicación de entradas, como un modo de adquirir una disciplina, una rutina, un entrenamiento de escritura. Eso, por decantación, me fue guiando hacia la búsqueda de una expresión literaria más profunda. Todo esto tiene su raíz en la voluntad de abrir cada vez más el camino hacia mi alma, hacia el lugar donde se lee en el revés de la trama.
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sábado, 1 de noviembre de 2014
mis nortes, parte 1 (28 de 30)
"Práctica sugerida: recuerda algún viaje previo, cerca o lejos, no importa. Toma notas en forma de memorias: ¿qué cosas dijiste de ciudad, qué cosas viste en ese viaje? Y luego fabula, formula hipótesis (pueden no tener ningún tipo de sentido) acerca de todas esas cosas que dejaste afuera: personajes, situaciones, colores que no pudiste ver. Es un pequeño esfuerzo: lo haces a consciencia, la atención se transforma, te vuelves más amplio, y tienes más caudal de palabras que ahora puedes mencionar. Y cada vez que estés por comenzar un viaje, recuerda mirar más allá, abrir los ojos, hacer silencio, dejar tus verdades al costado del camino para contar con la posibilidad de reconocer otros nortes, escuchar otras palabras, y ampliar el horizonte con el cual vives tu vida." (Norte de Papel, semana 3, clase 13. Un norte ideológico: la mirada y el camino)
Portland. Bebederos. Transporte público gratuito. Bosques milenarios a distancia de caminata desde el centro. Productos orgánicos. Puentes y el río Potomac. Pero viví demasiado tiempo en esta ciudad para hacer este ejercicio. Veamos alguna que haya visitado por pocos días. (¿Viví demasiado tiempo en esta ciudad para hacer el ejercicio de plantear una hipótesis acerca de algo que no haya visto en ella, algo que se me haya pasado desapercibido de ella? Volveremos sobre esto en unos instantes.)
Amaicha del Valle. Cerros. Un lugar donde podría vivir. El hombre que nos invita a su casa a un día de caminata, montaña adentro. El carnaval anti pachamama: pomos en el piso, generadores de energía contaminando de ruido la plaza, saturación. Mujeres al poder (sociedad matriarcal). La reunión de copleras. La vida artesanal: pensé poder vivir en ese pueblo un tiempo, sólo por pasar el tiempo aprendiendo a hacer cosas con mis manos: cerámica, tejido, curtiembre, telares, ni hablar del canto con caja. La madre de Angela, coplera, artesana, campesina, picante, de descendencia frugal. La casa de Angela y Jorge y la casita de huéspedes del fondo. Verónica Condomí y su taller de canto circular, y su concierto. La gente que se jubila y se viene a vivir a Amaicha, o los que tienen aquí su casa de vacaciones. La tormenta en la carpa y los truenos más estrendosos que experimenté en mi vida. La mujer del vivero de Córdoba, regalando miles de plantas y árboles.
Lo que me sucedió con Munay, su hermana y el tarot fue tal vez la muestra de una hipótesis que nunca antes había formulado: que hay secretos escondidos bajo mil llaves y que el sólo proponer la existencia de una llave maestra puede generar altísimos cortocircuitos.
Pero a ver qué otra cosa podría no haber visto en Amaicha... Porque las nubes me hablan siempre, igual que las veredas y el color del aire. Veo el perro atado en la segunda casa camino a la feria e imagino diez perros más viviendo en la habitación del fondo, y los diez hijos de la familia usando a los perros de almohada. Y también imagino una concepción del tiempo que podría tal vez explicar pero nunca entender. Tiempos de cosecha, de riego, de espera, de caminar hasta el campo aquel donde el trigo y la alfalfa. Tiempos de esperar a los hombres que volverán borrachos pero que nunca serán echados de la casa. Tiempos de reunirse a compartir coplas picarescas, y sobre todo: tiempos de no envejecer porque en cada arruga de las copleras viejas desaparece el tiempo. La juventud no está sobrevaluada en este pueblo: ser la más vieja puede ir de la mano de ser la más codiciada por ellos.
(Juli: tu escrito está muy lindo, nos hacés un mosaico de dos lugares bien diferentes. Pero... por qué no ahondás en la historia del perro? O en el misterio escondido en aquel campo de alfalfa?)
Ok.
El "desafío creativo" es una adaptación de la Dinámica Creativa propuesta por MV acá. Llegué a alguien que estaba haciéndolo. Yo necesitaba una inspiración para tener constancia en la publicación de entradas, como un modo de adquirir una disciplina, una rutina, un entrenamiento de escritura. Eso, por decantación, me fue guiando hacia la búsqueda de una expresión literaria más profunda. Todo esto tiene su raíz en la voluntad de abrir cada vez más el camino hacia mi alma, hacia el lugar donde se lee en el revés de la trama.
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