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miércoles, 13 de mayo de 2015

esquina: libertad (2 de 38 velitas)

Varias serpientes andan por estos días mordiéndose las colas: las charlas entre cervezas y humos fueron de horas, y en un parpadeo volvimos a una adolescencia de carcajadas corales. Caracoles! Somos extranjeras en esta ciudad.


Antes, había sido el desembarco frente al monoblock aquel de la Boca donde vivimos mi piano y yo, más el recorrido del 25 pasando por Montes de Oca - la avenida de los huevos rellenos en casa de la Nona (ahí también un piano, el primero, y los libros de partituras) - y por Arcamendia - la calle de la casa abandonada por la familia donde mamá guardaba el vestido de novia y que más tarde fue tomada por una familia de bolivianos.


Aun así, lo corroboré: Buenos Aires, no soy tuya ni vos mía. Me das dolor de panza, me hacés precipitarme, y tus camas me dan insomnio.

Por eso estoy feliz de volver a mi pueblo chico, que aunque traiga a mucha gente de afuera, no significa que puedan, como yo, traer un poquito de quebrada.


Antes aún, esa otra serpiente en mi casilla de correo, con aromas a tierras del bosque y del mar, a un jardín japonés entre las montañas y a puertas abiertas a otra percepción. 

Fui hasta el fondo del pasillo con la luz bien apagada. Después prendí la luz y asusté a todos. 

La sombra cliché atraviesa el miedo a nunca ser una fruta madura. Mis bríos son de caballo salvaje en el río.

Todo esto para decir: libertad o datrebil?

Hasta mañana.

domingo, 10 de mayo de 2015

ya son 38 (1 de 38 velitas)

Leer para no morir.
(tono insomne)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires.
(tono misterioso)
Leer para no morir un sábado a las 3 de la mañana en Buenos Aires, para mantener el equilibrio de la cuerda floja entre los rascacielos de mis planes de 3 días en la ciudad.
(tono satisfecho)
Entonces, aparece lo que una está buscando leer:
"Así me pasó que quise irme y volví, que quise traicionar el hogar pero no superé el flagelo."

El fuego que danzamos la noche de mi revolución siente la tristeza que reina en este otro hogar. Esto no es un hogar: es una prisión, una fortaleza. No hay fuego que quemar aquí. El fuego está limitado, restringido, sometido a sumisión y observación permanente de cámaras panópticas imposibles. 


"No olvides tu misión, niña roja".


Entrar a Buenos Aires de esta manera es injusto, pero yo elegí esta injusticia. Elijo este flagelo (sin insomnio sería más amable) porque pedí respuestas, y en el júbilo nunca surgen las preguntas correctas. Elijo bajar de la cima de la montaña, del corazón de la jungla: aquí también me necesitan.


El júbilo fue ayer: el fuego de cantos a la luna que la tuvieron despierta hasta que el sol llegó. El brotar de la salvia, la reunión de amigos, el festejo sin medida. Tambores, danzas, humos, hogar: fuego, fuego, fuego! Ayer ninguna pregunta emergía. Ayer eran risas, desborde, alegría enormísima de hacer coincidir al lugar en el mundo que soy yo misma en cualquier lugar, en un pedazo de tierra al que llamar hogar. Estaban todos ahí: la cofradía de mi presente, el cofre y el tesoro.



Había imaginado que el sábado sería mío y el domingo de la familia cuando saqué pasaje para el sábado sabiendo que sería justo después del júbilo del viernes. Pero la familia se adueñó del sábado y también del domingo, y los dejé, aun cuando a Juan, cada vez que me lo pregunta, le confirmo que nadie puede adueñarse de mí. ¿Es que aún soy huérfana de voluntades
? El insomnio me cacarea: si estuvieras de fiesta... Pero no ves que yo lo elegí? Quise también venir para encontrarme así.

Entonces hagámoslo valer: volvamos a la escritura como refugio un sábado insomne a las 4 de la mañana en Buenos Aires en la casaprisióndecristal de donde elegiré mañana partir para ir a encontrarme con mi propia Buenos Aires en estos 3 días de misión corazón. Conocer a Anita, la chinita de los cerros, y a Lucio, el niño de la lucha, abrazar a mis mujeres de las estrellas. Buscar mis regalos: un libro que vuela, unos oídos para mis secretos, y los compartires cantados que elevan el júbilo y nos llevan volando por encima de cualquier cuerda floja y cualquier rascacielos, e incluso por encima de la cima de cualquier montaña.







viernes, 25 de julio de 2014

empieza MI brasil 2014 (9 de 30)


22 de julio: fecha de entrada
de lleno en brasil
primero: caminar hacia la ruta por el camino del bosque
en madrugada cerrada
la ruta encerrada en tinieblas de nieblas
las luces de bus y los brazos como molinos.

chuy: termo, minipimer y emanuel, nuevo amigo de viaje
todos made in italy.
cruzamos la frontera caminando
hacia la terminal que alguien dejó olvidada hace 50 años
bus a porto alegre: migración suave.

llueve tres horas adentro
ya todo empieza a adivinarse enorme en este país 
(por saberlo el más grande en el mapa?)
en verdad: todo se ve expandido
los galpones, los bañados, los puentes, 
los naranjas sobre verde
una enormidad que se abre también en mi estómago:
me vaticino deglutiendo pequeñeces que harán un mundo de diferencia en mi nueva vida
y un enorme muro bordea la construcción de una enorme autopista al borde de una fábrica enorme.

porto alegre: 8.30 pm
hago la cola de la boletería escuchando al melodiquista hermafrodita
no hay bus a sao paulo hasta mañana
y un nuevo amigo de viaje, homero, nos invita
vengan a mi casa en araçatuba
el bus sale 9.30, hay pasajes
quedan cuatro
arriba!
a la llegada se cumplen 24 horas desde que despertamos

no duermo leyendo el cuaderno de maya

sigue lloviendo en bajar del bus
taxi y llegamos 

casa grande
desembarcamos
música, flores, lanas, metales
luz de amanecer
salgo al balcón
jerónimo y matilda
diálogo intenso bello trinante
aventurando plumas estrepitosas en su delicadeza
arrojando flechas tan suaves
que podrían atravesar esternones de león
y clavarse con tanta dulzura 
a la altura justa en que la sístole y la diástole
permiten la inyección definitiva
del amor en la sangre.

cantan las aves nuevas su mejor canción
ignorantes de la tertulia que sucede en el interior de la casa
que está en lo bajo del terreno
casa hexagonal

algo en esa casa genera en mi una extraña atracción. 
será su forma casi circular
actuando como remolino, agujero negro
generando una succión primitiva hacia un nuevo comienzo.

se congregan en círculo las partes que me conforman.
mi seguridad baila con mis decisiones una danza macabra
mi indecisión le sirve una copa a mi impulsividad.
como maestra de ceremonias, mi vulnerabilidad
pasa el cetro del habla a mi incertidumbre, mi desconsuelo y mi abatimiento
sin dejar afuera a mi optimismo, mi esperanza y mi intriga.

me asalta como el latido de un secreto enterrado
la música de mil búfalos galopando en un suspiro hacia el mar

cierro los ojos 
la cama un rato
y soy una cámara amarrada al guardabarros de un bus en movimiento
capturando el pasar de la rueda sobre el pavimento mojado en la noche.

ya estoy en brasil, enorme y cercano
inmensa cama elástica en la que quiero dar varios saltos y piruetas
para experimentar un estilo de ser, una forma de estar presente.

brasil
te desmitificaré
te haré mía por el capricho de secuestrarte
para mi archivo de "yos" posibles
experimentaré tu geografía
sacaré tu foto con la luz de cada relámpago
me encamaré en tu sexo latiente, obsceno, sin tabúes
veré mis tabúes a los ojos: me pondrás a prueba.
me bañaré en tu mar como quien se bautiza
cuestionaré tu talento, sólo para destrabar el mío
acudiré a tus ceremonias
celebraré tus misterios
activaré mi búsqueda del tesoro
te escribiré cartas para que no me sigas la pista.
descubriré todo el brasil que en estado latente soy
y así despertaré a una atención de francotirador
para dar en el blanco 
del presente que habito.

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Foto: Romi Messina

viernes, 23 de mayo de 2014

limones (3 de 30)


Presente
amaneceres rojos
casa con polvo
partirse la boca en cada comida
bosques, hongos, 
lago que era cantera.
Presente
nadando en juventud
"me cargo el sol en la espalda
y el mundo se torna amarillo"
y el mundo no es mío,
soy del mundo.
Presente 
de tan detenido

se mueve sin cansancio


Cuarto día en Colonia. Pensaba que a esta altura ya estaríamos encaminados hacia la frontera con Brasil, pero ya lo dije cada vez que me preguntaron nuestros planes: la vida tiene más imaginación que uno mismo. El plan más inmediato era / es llegar al noreste de Brasil antes de que empiece el Mundial de Fóbal.  Antes de eso, antes de hacer ninguna predicción de fechas y de resultados (y el fútbol no es lo que nos mueve), hay que pasar por el Chuy, ciudad frontera, a tramitar mi visa. Es que sí,  por más porteña que me haya criado, por más ciudadana del mundo en la que pretenda convertirme, los papeles en las fronteras son los alfileres que pinchan el globo de la deseada globalidad. Ya me pasó cuando quise cruzar a Bolivia, confiada en que mi cédula de Mercosur me abriría las puertas de las fronteras como vecina bienvenida. Más que frontera, me encontré con un frontón. Fueron mis 10 horas en No Man's Land, burocráticamente hablando. Estábamos en la frontera La Quiaca - Villazón. Me dieron salida de Argentina, mas los bolivianos, al ver mi documento, me expresaron con claridad y sentimiento de justicia: "SU país necesita visa y pasaporte para entrar en MI país." Entonces, si acabo de salir, pero no me dejas entrar, ¿en dónde estoy? Nunca había sentido algo así. Excepto tal vez con alguna de esas historias de amor que se terminan pero no, estás ahí sin dar entrada ni salida, y te sentís más desorientada que Cantinflas en una de David Lynch. 

Cuestión que en ese momento yo pensaba terminar en Ecuador, pero reboté como pelota de goma y fui a parar a Salta, después a Misiones y ahora acá estoy, en Uruguay, planeando ir a Brasil, pero esta vez con la previsión de saber que sí o sí necesito una visa para entrar. Mi amiga Reneé, que también es norteamericana y está casada con un uruguayo, y ella me pasó el dato cierto: en el Chuy el trámite de la visa es muy sencillo y rápido, y no sólo eso, parece ser que por ser el Mundial del Fuchibol hay facilidades extras para los que están en mi condición. Pero hasta no saberlo, hasta no estar ahí, no puedo adelantarme. El plan era que antes del fin de semana ya lo habríamos averiguado. Pero los planes cambian.  

Es la época de cosecha de limones, y Naty y Miguel, nuestros amigos que nos están alojando en la casa que construyeron con sus propias manos, madera, barro, adobe, y las manos de varios amigos, están esperando la respuesta del zafrero. El mal tiempo retrasó la maduración de los limones, pero sería inminente el comienzo de la actividad. Es buena la plata que se puede hacer cosechando fruta de estación. Y viene siempre bien al viajero y la viajera trashumantes trabajar poniendo todo el cuerpo que sea necesario, para acumular una pequeña fortuna que permita avanzar más kilómetros de un tirón. En este caso, está también en juego la posibilidad de adquirir un pedazo de tierra para construir y tener un "lugar al que volver". Todavía no está claro si queremos esa responsabilidad.

Por ahora, en este hogar momentáneo, esta casa de la que ya nos fuimos y a la que volvimos, me permite ver el amanecer en el campo todos los días sin salir de la cama. Es la última casa del barrio, y más allá del barrio, están las vacas y su zona de pastoreo. Y un monte arbolado más allá y otro más allá todavía. El horizonte es extensísimo. Como el presente. Un presente que me lleva a bosques con colchones de pinocha, cama de cultivo natural de hongos exquisitos; a aprender cuáles son los que se comen (si les levantás la falda, esconden faldas internas bien naranjas, al estilo de las bailarinas de cancán), que esta es la época en que crecen; a confirmar que son bien bellos, sean o no comestibles. También me lleva a conocer una cantera que se pinchó y se transformó en un lago-estanque que es una réplica del paraíso. 


sábado, 10 de mayo de 2014

conejo (2 de 30)


Llegamos a Colonia de madrugada. 

La medianoche que daba paso al día de nuestro primer aniversario como compañeros de viaje y de vida la pasamos tomando champán a bordo del Eladia Isabel. Había que festejar, nuestra unión da la vuelta al sol a bordo de un barco. Seguimos en movimiento. Dejándonos mecer por las aguas de la emoción. 

Unas horas antes, Pacha, mi amiga-hermana más esotérica, me había regalado una sesión de conexión con mi animal de poder. "Te traigo un conejo", me dijo después de dar vueltas alrededor mío al ritmo de los tambores, agitando su maraca y afinando su oído y visión interiores. "No es necesario ser feroz para ser fuerte. Esa pantera agazapada en la maleza con la que te estás identificando te hace perder demasiada energía. Animate a dejarte llevar más por tu curiosidad, tu espíritu lúdico. No sos un conejo indefenso. Tenés al toro también de aliado. El toro está más que pancho, pero que no se metan con él porque ya sabemos lo que pasa".


Y es que en este trajín de no ser de ningún lugar (y ser de todos), y viajar ganándose la vida en el mismo andar, una (o sea YO) va poniéndose algunas costras para no quedar tan expuesta a la decepción o quién sabe qué cosa.  A veces, las preocupaciones que me asaltaban en la vida sedentaria también me toman por sorpresa "ah, vos también viajaste hasta acá conmigo", y eso nos demuestra una vez más que el viaje más difícil es el interno. Como decía algún gurú, el camino más arduo mide tan solo la distancia que separa a tu mano de tu codo: es la misma distancia que separa tu mente de tu corazón.

Aún así, o justamente por eso mismo, confirmo que esta es la vida que quiero estar llevando. Aunque las ampollas que me hicieron en los talones los nuevos borcegos que adquirí de regalo de cumpleaños pudieran ser una metáfora de que estoy parada en zapatos que no son los míos, prefiero pensar que siempre pueden curtirse un poco más los pies, que para eso los tenemos, para caminar. 

Y cuando me preguntan cómo hago para vivir sin una casa a la que volver, sin un lugar que es mío, respondo que vivo en hoteles de 5000 estrellas (una de las frases de Juan que conquistó mi corazón), que mi casa está adentro mío y que, llegado el caso, siempre hay amigos que te reciben aunque llegues sin avisar a las 4 de la madrugada a Colonia después de cruzar el río festejando un año de amor.